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En resumen: Las joyas de alta calidad — especialmente las piezas únicas en oro 18K con piedras preciosas y las joyas históricas de período — han demostrado históricamente mantener y aumentar su valor. Pero no todas las joyas son buena inversión: la calidad, la autenticidad y la rareza son los factores determinantes.
Pocas cosas combinan valor emocional y valor económico real de la forma en que lo hace una buena joya. Un coche de lujo pierde el 30% de su valor en el primer año. Pero una pieza de alta joyería auténtica combina valor intrínseco del material, escasez real y demanda de coleccionismo que ha crecido de forma sostenida durante décadas.
El valor del material nunca desaparece. El oro 18K tiene un valor intrínseco que existe con independencia de cualquier tendencia del mercado. Cuando los mercados financieros son inestables, el oro tiende a subir — es el activo refugio por excelencia desde hace miles de años.
Las piedras preciosas de calidad escasean. Los rubíes birmanos de alta calidad, las esmeraldas colombianas sin tratamiento, los diamantes de más de 2 quilates con certificado GIA son activos genuinamente escasos.
La rareza es irreplicable. Una pieza art deco auténtica de los años 30 en platino con brillantes de talla antigua no se puede fabricar nueva.
Joyas que conservan y aumentan valor:
Joyas que tienden a depreciarse:
Si el objetivo es combinar placer de uso con potencial de revalorización, la joyería histórica de segunda mano es donde está la mayor oportunidad: compras por debajo del precio de mercado de coleccionismo internacional, llevas algo genuinamente único durante años, y el mercado de subastas puede pagar más de lo que pagaste cuando decides vender.
Tanto para comprar como para tasar lo que ya tienes. La consulta es siempre sin compromiso.